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viernes, 13 de agosto de 2010

3ra Mordida - Pecado!

La presa ha caído bajo la tentadora apariencia del cazador!, este sonríe y entrelame sus labios, la asegura y comienza el festín.
Ahora yo parecía la víctima, allí bajo el regazó de él, su respiración me daba de cerca en la piel de mi cuello, sus labios rozaron de manera suave mi oreja, mi corazón empezaba a agitarce los latidos marcaban el paso a paso. Sin embargo no tenía miedo, no podría dar nombre al sentimiento que en ese momento me envolvía. De a poco volvió de nuevo a mirarme, sus ojos estaban inundados y aún asi se negaba a dejar escapar lágrimas de ellos, me tomó por la cintura y amablemente me acomodó sobre las almohadas de la cabecera de mi cama, pasó su mano derecha y la deslizo acariciándome la mejilla.

-Solo yo conozco tu dolor, tus miedos, tú soledad, si solo pudiéramos estar juntos por siempre. Lo diría tantas veces como desees-

Pronunciaron sus labios con voz tentadora, mis ojos no pudieron apartarse ni un segundo de los de él, estaba encantada, seducida y atraída. Pero que estaba sintiendo?, si el hombre frente a mi era mi hermano, como es que mi piel empezaba a erizarse, porque era que me sonrojaba si él me miraba, a caso, a caso …. Yo ..

- Te amo alice! Te amo y no pienso callarlo. –

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por aquellas palabras, mis ojos no pudieron evitar mostrar sorpresa, y como de la nada mi mano se alzo y arremetió con fuerza en el rostro de él, una bofetada, eso obtuvo como respuesta al confesarme sus sentimientos, pero que hipócrita estaba siendo yo comportándome de manera digna, rechazándolo cuando yo misma sentía lo mismo por él, todos estos años lo había estado enmascarando, mis sentimientos, no lo veía como un hermano, era el hombre al que mi corazón había estado amando en secreto.

- Te amo –

Pronuncia con un tono suave, mientras mantiene su cabeza inclinada, y de apoco empieza a acercar su cuerpo con fuerza al mío, me aprisiona de nuevo.

- Si es que lo prefieres a él, entonces te dejare –

Comenta a la vez que una de sus lagrimas me humedecen la piel del pecho, sin embargo yo estaba allí impotente, estática y muda, lo mejor que pude hacer fue dirigir mi mirada hacia el ventanal, y mantenerme asi en silencio.

- Comprendo!-

De nuevo su voz entre mis oídos, su cuerpo empezaba a separarse del mío, inmediatamente un frío estremecedor recorrió cada rincón de mi ser, aquello me daba fuerzas, no lo quería lejos de mí, lo necesitaba aquel empujón, el impulso que solo me llevó a tomarlo por el cuello de la camisa, aferrándome con enorme fuerza.

- Te amo, siempre lo he hecho…. –

Mencioné, con la voz entrecortada, sin siquiera mirarlo a los ojos. El tiempo se detuvo por unos minutos, y afuera una tormenta empezaba a desatarse con ira, el viento furioso estremeció las ventanas que finalmente cedieron ante su fuerza y se abrieron de par en par dejándolo ser el único testigo de aquella confesión.

Solo con una sonrisa que se dibujo de manera provocadora en su rostro el ya me tenía, nuevamente dejó caer un poco el peso de su cuerpo contra el mío, con suavidad retiro los flequillos de mi rostro, me miró efímeramente mientras sus labios rozaron los míos terminando por juntarlos dándome un apasionado beso, uno que ambos habíamos esperado por largo tiempo.
Sus manos empezaron a despojarme de aquella sedosa pijama, sus movimientos eran ansiosos, nerviosos pero hermosos, como los míos, que tímidamente con mis manos empecé a acariciarlo a desvestirlo también, a ver la hermosa desnudes de su cuerpo, de pronto todo era tan sublime, el viento nos acobijo bajo su tutela, nuestros cabellos pronto se confundieron bajo el mismo tono, nuestras manos se estrecharon, nuestras bocas se juntaron, ahora éramos uno, sentí su calidez dentro de mí, cada gota de sudor, cada gemido, cada respiración todo era tan hermoso, me ahogue entre sus besos, me estremecí por sus caricias, y sus ojos me miraron y yo no pude evitar mirar a los de él, nuestros cuerpos temblaron extasiados el uno con el otro.

Si era un pecado lo que estábamos haciendo, me volvería una pecadora cada noche, me convertiría en la presa que desearía cada noche ser él festín del cazador.